Productividad y competitividad

España está construyendo capacidad digital. Ahora debe convertirla en productividad.

España ya está construyendo capacidad tecnológica. El reto siguiente es medir cuánto de esa capacidad termina convertido en eficiencia, margen, ingresos y escala.

Equipo ejecutivo revisando la capacidad digital de España y su conversión en productividad

España ha avanzado en digitalización empresarial, inteligencia artificial, supercomputación y semiconductores. Kit Digital, Kit Consulting, la BSC AI Factory sobre MareNostrum 5 y el desarrollo de IMEC en Málaga muestran que la capacidad tecnológica se está construyendo.

La capacidad digital solo crea ventaja cuando termina convertida en resultados de negocio.

La adopción también avanza.

Según el INE, en el primer trimestre de 2024, el 12,4% de las empresas españolas con diez o más empleados utilizaba inteligencia artificial. Un año después, la cifra alcanzó el 21,1%.

Es un avance relevante.

Pero adoptar tecnología no equivale necesariamente a transformar una empresa.

Ese dato permite saber cuántas compañías utilizan IA. No permite saber cuántas han reducido costes, mejorado tiempos de producción, generado nuevos ingresos, elevado márgenes, aumentado exportaciones o escalado gracias a ella.

Y ahí aparece el reto de fondo: aunque España ha recuperado terreno, el Banco de España ha señalado que todavía existe una brecha cercana al 8% en productividad total de los factores frente al resto de la UEM.

Por eso, no basta con que más empresas utilicen IA.

La tecnología debe convertirse en eficiencia, margen, ingresos y escala.

Entre disponer de tecnología y capturar valor existe una cadena que muchas empresas todavía no completan:

ACCESO → APLICACIÓN → INTEGRACIÓN OPERATIVA → RESULTADO ECONÓMICO

Una empresa puede recibir financiación, adquirir una herramienta e implantarla. Pero si no ha definido qué problema económico quiere resolver, qué proceso debe cambiar, qué indicador va a medir y quién responde por el resultado, habrá adoptado tecnología sin demostrar necesariamente transformación.

Esto obliga también a elevar la pregunta con la que evaluamos la inversión:

¿Cuánto valor empresarial adicional genera cada euro destinado a transformación digital?

La experiencia internacional ofrece prácticas concretas.

Singapur: soluciones ligadas a problemas de negocio

En Singapur, SMEs Go Digital no se limita a financiar herramientas. Utiliza planes digitales específicos por industria, orienta a las empresas según sus necesidades y ofrece soluciones previamente evaluadas para problemas empresariales concretos. Las soluciones preaprobadas deben demostrar capacidad para generar mejoras de productividad.

Reino Unido: diagnóstico antes de financiación

En Reino Unido, Made Smarter aborda la digitalización industrial como un proceso. El programa combina asesoramiento experto, hojas de ruta de transformación digital, formación de liderazgo y financiación. La tecnología aparece después de entender qué necesita cambiar la empresa.

Japón: inversión vinculada a productividad

En Japón, el SME Productivity Revolution Programme parte explícitamente de productividad y competitividad. Las empresas presentan planes que explican cómo la inversión en equipamiento, sistemas o digitalización mejorará sus resultados, y los proyectos incorporan seguimiento de productividad, adopción digital o crecimiento salarial.

Los contextos son diferentes, pero la disciplina es común:

la tecnología no es el punto de partida; el resultado empresarial sí.

España no necesita copiar esos modelos. Necesita incorporar esa lógica en su propio sistema.

NEGOCIO → ESTRATEGIA → TECNOLOGÍA → RESULTADOS

Negocio: identificar y cuantificar el problema.

Estrategia: definir el caso de negocio, el cambio necesario y cómo escalarlo.

Tecnología: seleccionar la solución cuando ya está claro qué debe resolver.

Resultados: comprobar si la intervención redujo costes, aumentó ingresos, mejoró productividad o permitió escalar.

La propuesta no es invertir menos.

Es invertir mejor.

Una AI Factory demuestra capacidad tecnológica. Una solución implantada demuestra adopción. Pero una empresa que reduce costes, mejora márgenes, genera nuevos ingresos o escala demuestra transformación económica.

España ya tiene buena parte de los activos necesarios. El siguiente salto no dependerá únicamente de financiar más herramientas o desplegar más infraestructura.

Dependerá de conectar política pública, estrategia empresarial, tecnología y medición económica alrededor de una pregunta más exigente:

¿Qué resultado produce la inversión?

España tiene capacidad digital.

Ahora debe convertirla en productividad y competitividad.

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